Cuándo remotorizar un barco?

Autor: Enric Roselló – Marabierto

Remotorizar un velero es una decisión complicada y con muchas variables.

Las preguntas son recurrentes: ¿cuándo se debe considerar la remotorización?, ¿dónde está la frontera sensata entre reparar o sustituir en motor marino? No hay una única respuesta, sino tantas como barcos y armadores. Pero siempre es posible analizar la situación, con la intención de que cada cual saque las mejores conclusiones.

Descargando el motor marino al interior del barco

Si el motor del barco es viejo, tiene muchas horas en el tacómetro, le cuesta arrancar, echa mucho humo por el escape, se calienta en demasía, pierde aceite, no llega a su potencia, el agua de la refrigeración se mezcla con el aceite o no hay manera de encontrarle piezas de repuesto, la solución es la remotorización, que lo resolverá todo de una tacada.

Esta larga lista de achaques rara vez se presenta de golpe y a la vez. Mientras en motor ‘funciona’, la decisión más sensata parece esperar. Cuando el motor falla es el momento de tomar una decisión más drástica.
Instalar un nuevo motor tiene muchas ventajas: Se moderniza tecnología, los nuevos bloques son más ligeros, más pequeños y silenciosos de funcionamiento, sus emisiones de escape mínimas y –no menos importante- el consumo de combustible también se reduce.

Los motores nuevos vienen, además, con garantía de fábrica y no ha de haber problemas en el suministro de piezas de recambio. Instalar un nuevo motor a nuestro barco hace olvidar las incertidumbres de si el motor querrá arrancar por la mañana o si nos va a dejar tirados en el punto más lejano de nuestra travesía estival.

Cuál es la vida útil de un motor?
Un motor diesel correctamente mantenido puede tranquilamente aspirar a una vida útil sobre las 20 mil horas. Hay muchos generadores o barcos de pesca profesional que llegan a esta cifra sin mayores inconvenientes. Pero esto es algo que rara vez consiguen las mecánicas de los barcos de recreo.

La ‘esperanza de vida’ del motor de un velero o una motora deportiva oscila mayormente entre las 5.000 y las 10.000 horas. Antes de llegar a la primera cifra, las opciones de reparar tienen posibilidades sensatas de prevalecer sobre las de remotorizar. A partir de las 5.000 horas, entrar en una reparación de envergadura se va convirtiendo cada vez más en una inversión discutible en su rentabilidad.

La razón de que las mecánicas en barcos profesionales duren tranquilamente cuatro veces más en horas de trabajo que las instaladas en embarcaciones deportivas es tan simple como el paso del tiempo.

El motor principal de una barca de pesca profesional suele rondar las 2.000 horas de funcionamiento al año, cuando los barcos de recreo (los chárter son la excepción) están en medias sobre las 100 horas de motor por temporada. Cuando un yate llega a las 2.000 horas, a menudo tiene sus veinte años de edad, una cifra que, en términos de oxidación y corrosión interna, pesa tanto o más que las horas del tacómetro. Dicho al revés, cuando una barca de pesca profesional llega a las 20.000 horas de funcionamiento del motor, su mecánica apenas tiene 10 años de antigüedad, una edad en absoluto exagerada en su esperanza de vida.

Reparar vs remotorizar
La decisión empieza con su variante económica, o deberíamos decir financiera, pues lo que se analiza no es el monto en dinero de la operación, sino la rentabilidad de la inversión a lo largo del tiempo.

La rentabilidad de las reparaciones en motores de cierta edad es, cuando menos, discutible. Los repuestos suelen ser caros y a menudo difíciles de encontrar. Reconstruir un motor sin hacer lo propio con la transmisión convierte estos engranajes en el eslabón débil de la cadena. Y una vez reparado, no nos engañemos, el motor sigue siendo viejo.
Reparando motores antiguos, también es habitual que muchas piezas rindan el alma al desmontarlas debido al óxido o a una corrosión interna avanzada y difícil de detectar desde fuera. Los conductos internos de agua en el bloque pueden haber ido corroyendo sus circuitos, que tendrán unas paredes de metal sensiblemente reducidas respecto a su grosor original.
También hay que tener en cuenta ‘quién’ va a reconstruir el motor. Entre hacerlo uno mismo o encargar el trabajo a un taller especializado hay una diferencia muy importante en la factura, pero posiblemente también en el resultado final. La mecánica a este nivel no es un terreno con mucha cancha para el bricolaje amateur ni para el ‘amigo’ entendido en mecánica. Hacen falta unos conocimientos y un utillaje que rara vez al alcance de los aficionados.

Son muchos factores a considerar y mi recomendación es: ante la duda, optar por la remotorización. Esta es la decisión que se tomó en el caso  mi barco.

Autor: Enric Roselló – Marabierto
Artículo publicado originariamente en la revista RANC

 

Enlaces recomendados

Seleccionar el nuevo motor y marca

Remotorización de un barco paso a paso

 

This post is also available in: Inglés

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *